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lunes, 30 de diciembre de 2013

La nueva frecuencia de amor


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                                                 Por Ana María Frallicciardi
Si buscas el Amor, tira abajo todas tus creencias y olvídate de las experiencias vividas.
Empieza de nuevo por donde nunca se te hubiera ocurrido que anda el Amor buscándote a ti.
El Amor es una energía que fluye libremente en todo el Universo. Hay que aprender a pedirla y tomarla desde la Fuente Ilimitada.
El Amor “llega” desde el Centro de Amor Universal hacia el centro interno de cada uno.
Ábrete, tira tus corazas y deja que esta maravillosa energía disuelva los sentimientos negativos de separación y soledad.
Cuando logres estados de paz y bienestar “desde adentro y sin esfuerzos”, el Amor ha estado acompañándote, no lo dejes ir, hay mucho más por hacer, juntos lo descubrirán.
Nuevas formas de relacionarnos amorosamente están surgiendo en estos tiempos.
En las últimas décadas hemos crecido mucho en la expresión de los sentimientos y el amor.
En este milenio el amor se abre como un loto de mil pétalos que da múltiples posibilidades para salir de nuestras limitaciones y carencias.
¿Qué es el amor?
El amor es ENERGÍA que viene de la Energía Universal Creadora. El amor es un estado de completa felicidad, se disfruta cuando uno se abandona en el sentimiento y deja que todo fluya sin obstáculos.
Los seres se están encontrando para activar la nueva conciencia del amor y así poder sacar lo mejor de sí y crecer espiritualmente, porque el amor es el camino más genuino para el nuevo crecimiento interior. Desde el amor sin condicionamientos ni expectativas las almas están sanando viejas heridas de soledades y abandonos y están creando un estado interior más pleno y seguro.
El amor es amor y nada más, no se encadena a ningún contrato o filiación. Si deseas vivir con la persona amada, vive. Pero no pongas obstáculos en la convivencia, no exijas al otro lo que éste no tiene para dar, no le compliques la vida con reclamos. Deja que la relación fluya libremente. Respeta sus espacios, sus tiempos, sus gustos y que te respete a ti. No sientas obligaciones en ningún momento, ni sometimiento o dependencia. No calles lo que sientes, pero habla con dulzura.
Hay muchas maneras de comprometerse en las relaciones y uno cree que todo eso es amor, generalmente es dependencia emocional, necesidad de que otro llene tus vacíos y encima, los llena mal. No busques el amor afuera. Tienes que aprender a generarlo desde tu centro cardíaco, llenar tu aura, tu mente, tus palabras del amor que tomarás del Amor Universal y luego expresarlo. Todo en tu entorno vibrará en el amor y no habrá más carencias ni abandonos.
Reflexiona sobre estos aspectos: ¿Por qué cargas al amor con tantos condicionamientos? :
Te amo aunque…, te amo porque…, te amo pero….El verdadero amor no es nada de todo eso.
El amor es un sentimiento que fluye puro, sin distorsiones.
Una cosa es convivir y compartir la vida con alguien y otra cosa es amar a alguien. Lo ideal es que se den ambas cosas juntas.
Pero si no lo has logrado y convives con alguien a quien ya no amas, clarifica tu interior, acepta la realidad y no eches culpas afuera, en tu camino de evolución estaba el desamor para que ahora busques el amor, que no es sólo tener a otro, sino poder relacionarte amorosamente con TODOS.
Si en el plano humano no encuentras cómo llenar tu vacío de amor, comienza una tarea de crecimiento interior para conectar la Fuente Eterna de Amor Universal y entonces estarás vibrando también en el amor humano.
El amor está llamado a cubrir el Universo…
…pero mientras no nos demos cuenta…
…que somos nosotros los que tenemos que llamar, invocar, fabricar, ese amor y luego proyectarlo…
…el amor no puede conocerse, no puede proyectarse, no puede operar en la humanidad…
… porque eso depende de nosotros y no de otras fuerzas cósmicas.
Nosotros somos antenas cósmicas para recibir información divina, información espiritual, y difundirla y entonces de esa forma poder producir mayor inquietud por conocer el amor, que es lo que está sucediendo en esta Nueva Era.
La verdadera conciencia de amor comienza a entenderse ahora, en la medida en que salimos de todo tipo de creencias limitadoras. Los verdaderos sentimientos que restaurarán nuestra vida están fluyendo desde una dimensión superior de compresión de la vida, donde el Ser encuentra su resonancia espiritual y puede conectar el amor en su esencia pura: esa energía que se expresa……
Para gran parte de la humanidad, en estos momentos, el amor está mezclado con necesidades sexuales, fantasías culturales, reemplaza carencias. Depende de las creencias de cada individuo que el amor de felicidad o produzca dolor.
Muchos ya han comprobado que con la cabeza no se ama. El sentimiento amoroso surge desde el pecho. Es una energía, de determinada frecuencia vibracional que se condensa en el chakra cardíaco y desde allí sale y se expresa. Quienes tiene bloqueos energéticos en el centro cardiaco no pueden expresar esta energía con facilidad y se sienten solos y angustiados.
Cuando este centro vibra en una determinada frecuencia y entra en resonancia con otro ser que está en la misma frecuencia se produce un intercambio amoroso pleno. Esto puede darse una sola vez, varias veces, por mucho tiempo, por toda la vida humana. Todo depende de la capacidad para mantener esa sintonía. Es por ello que el amor no pide ni da, se expresa. A veces encuentra resonancia y respuesta y otras veces no.
¡Cuántas historias de amor pueden caer con este concepto! Con la excusa de “lo hice por amor”, se esconden muchísimas formas de manipulaciones, resentimientos, necesidad de poder o de dependencia. ¡Basta de telenovelas!
Después de comprender este nuevo concepto de amor, no tiene sentido hablar de los celos ni de fidelidad. Se es fiel con uno mismo y con los propios sentimientos.
Con el crecimiento interior se logra ser consecuente e íntegro con uno mismo. Sólo desde este lugar de armonía interior se puede fluir un verdadero sentimiento amoroso profundo y puro.
Este estado amoroso pleno es el que se expresa en todos los niveles de la vida, no sólo en el amor de pareja.
Uno ama LA VIDA y ama a todos los seres. La fuente de amor está dentro de uno y no necesita que venga a llenarla nadie. Si has sanado tus propias heridas eres amor e irradias amor.
Sólo así se entra en resonancia y se encuentra quien comparta Tu frecuencia de Amor.
Si logras solucionar todos los mandatos adquiridos con respecto al amor, podrás enseñarle a otro cómo lograrlo también y podrá acompañarte en el camino de explorar juntos las nuevas dimensiones del amor.
Amar a un ser humano
Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.
Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tú desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.
Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a tí mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, “este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto… si tú quieres recibirlo”.
Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando duda de sí mismo, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.
Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.
Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.
Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a tí mismo y no permitir que el otro transgreda aquellos que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en tí mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.
Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada “ser humano”, de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tantolas facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a tí mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.
Namasté!
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sábado, 21 de diciembre de 2013

Dar y recibir


En la búsqueda constante por estar en equilibrio deberíamos detenernos a evaluar si nuestra balanza de dar y recibir se encuentra nivelada.
Tan importante es dar como recibir. Algunos sentimos una inmensa necesidad de dar, y estamos a la caza del que necesita afecto, compañía, apoyo o ayuda de cualquier tipo, nos creemos los salvadores de la humanidad, inicialmente nos sentimos felices y satisfechos porque podemos servir, porque somos importantes o apreciados por los demás. Pero pasa el tiempo y poco a poco vamos sintiendo un vacío emocional, porque en nuestra obsesión por estar para los otros no nos hemos abierto a recibir.
Si bien es cierto que la mejor forma de dar es cuando no se espera nada a cambio (cuando se da con amor y compasión), también es cierto que para mantener nuestra energía en equilibrio es indispensable recibir, con amor, humildad y profundo agradecimiento, dejando de lado la actitud de “todo poderosos”. Entender que el camino es más agradable cuando aprendemos a compartir nuestras preocupaciones, ilusiones y esperanzas, nunca se sabe que ángel puede estar por ahí dispuesto a ayudarnos.
La mayoría de las mujeres tenemos una tonta actitud de sacrificio, sentimos que tenemos la obligación de darlo todo a todos. Esa creencia nos limita para auto-realizarnos, nos cierra a recibir y nos deja vacías.
Abrámonos a recibir cariño, halagos, palabras dulces, regalos, atenciones, permitamos que los demás hagan cosas por nosotros.
Para algunas corrientes espirituales orientales el equilibrio de dar y recibir está dado por la sana relación con la madre, reflexionemos acerca de los sentimientos y emociones que envuelven la relación con nuestra madre. Sanemos la culpa y el rencor; perdonemos y pidamos perdón, agradezcamos su presencia en nuestra vida y “mágicamente” notaremos como todas nuestras relaciones personales mejoran y en consecuencia nuestra energía espiritual se eleva.

sábado, 14 de diciembre de 2013

EL CREDO DE LA MUJER REAL por Jan Phillips



Yo creo que dentro de mi yace una extraodinaria radiancia,
            Y me comprometo a permitir que mi luz se expanda por el mundo.
Yo creo que la fuente de mi poder y sabiduría está en el centro de mi ser,
            Y me comprometo a actuar desde este lugar de fortaleza.
Yo creo que poseo  pasión y potencial creativo en abundancia,
            Y me comprometo a la expresión de estos dones.
Yo creo que ha llegado el momento de dejar ir viejas ideas y actitudes insanas,
            Y me comprometo a re-examinar lo que se me ha dicho sobre la belleza y a descartar aquello que insulta a mi alma.
Yo creo que los pensamientos y palabras negativos comprometen mi bienestar,
            Y me comprometo a pensar y hablar positivamente sobre mi misma y sobre l@s demás,
Yo creo que las mujeres jóvenes necesitan modelos positivos,
            Y me comprometo a ser un ejemplo de autenticidad y auto-amor.
Yo creo en la relación de mi bienestar y el bienestar del planeta,
            Y me comprometo a una vida de conciencia plena que percibe a todo ser viviente como sagrado y digno de mi amor.
Yo creo que es mi responsabilidad espiritual cuidar mi cuerpo con respeto, cariño y compasión,
            Y me comprometo a equilibrar mi vida de manera que mi cuerpo físico sea expresado  y nutrido por completo.
Yo creo que disfrutar es una parte esencial del bienestar,
            Y me comprometo a quitar cualquier obstáculo del disfrute y a crear una vida llena de exhuberancia.
Yo creo que la mujer que se ama a sí misma es una fuerza atractiva, poderosa y apasionada,
            Y me comprometo, de hoy en adelante, a amarme a mi misma profunda y extravagantemente.

jueves, 12 de diciembre de 2013

La música comercial y tus emociones

                                              musica comercial
A menudo solemos pensar que lo que nos sucede no tiene nada que ver con nosotros, que los acontecimientos externos son los responsables de nuestras emociones e incluso de nuestras desgracias. Hemos aprendido que venimos a sufrir, que  tenemos que esforzarnos por conseguir las cosas que necesitamos para cubrir necesidades básicas, como el alimento o el cobijo.
De pequeños nos enseñan que debemos portarnos bien para agradar a los adultos, para ser “un niño bueno”, porque si no nos castigan; y nos premian cuando hacemos lo que se espera de nosotros. Crece así en nuestro interior la creencia de que el amor es condicionado. Tenemos que agradar al otro para que nos quiera. No somos lo suficientemente buenos si nos dejamos llevar por lo que sentimos o decimos lo que pensamos; si somos, simplemente, nosotros mismos.
Acostumbrados a ocultar la verdadera personalidad nos resulta fácil amoldarnos a los deseos del otro cuando iniciamos una relación romántica. Pero la verdadera personalidad, la verdad de cada uno, continúa latente en el interior y se expresa, reclama su lugar, protesta. Es así como se inicia la lucha interior entre lo que soy y lo que creo que debo ser para ganarme el amor del otro.
Las falsas creencias dominan nuestra mente y nos llevan a pensar en cosas como:
Si me quisieras harías eso por mí.
No soy lo suficientemente bueno para ella.
No puedo decirle lo que de verdad pienso, porque se enfadará.
Esas afirmaciones repetidas a menudo activan, sin que nos demos cuenta, la Ley de la Atracción en nuestra contra.
Según la Ley de la Atracción todo lo que vibra en frecuencias semejantes es atraído lo uno hacia lo otro de manera irremediable. Pues bien, los pensamientos son energía. Las emociones, también. Ambos emiten frecuencias que pueden ser de alta o de baja vibración en función de su talante.
Vibra bajo todo lo que se basa en el miedo, la tristeza, la rabia, la culpa o la duda. Vibra alto lo que surge de la serenidad, el equilibrio interior, la confianza, el amor o la alegría.
Si constantemente emitimos pensamientos de desolación estaremos atrayendo a nuestras vidas exactamente eso. Además, se da la circunstancia de que lo que pensamos genera lo que sentimos y esto, a su vez, lo retroalimenta, con lo que nos encontramos atrapados en un círculo vicioso de bajas vibraciones.
Es lo que sucede con las canciones que, invariablemente hoy en día, suenan por todas partes. Radio, Televisión, Internet, altavoces de centros comerciales, películas de cine, entre otros, emiten sin cesar mensajes musicales que nosotros, llevados por el amor a la música, acabamos cantando repetidas veces.
No puedo vivir sin ti.
Me muero por tus besos.
Mi vida se ha acabado.
Sin ti no soy nada.
Son ejemplos de las palabras que pronunciamos a menudo sin ser conscientes del efecto que generan en nuestra energía.
La palabra es un gran instrumento creador, al igual que lo son los pensamientos y los actos, porque también es energía. Y, al ser pronunciada,  crea doblemente.
Cuando pronunciamos una palabra la estamos pensando, con lo que ponemos en acción, al unísono, dos de nuestras tres fuerzas creadoras. La emoción no tardará en acompañarlas. Pronto sentiremos en el pecho, en el estómago o en cualquier otra parte de nuestro organismo los efectos de lo que estamos afirmando.
Cuanto más canto que mi vida ya no tiene sentido, que me falta el aire si no te veo o que no soy capaz de superarlo, más triste e inútil me siento. Me vuelvo pequeño, el abatimiento se apodera de mí, se me agotan las fuerzas; y lo único que quiero es echarme a llorar o esconderme del mundo.
¿Y qué me devuelve el mundo en esas ocasiones? Más experiencias de desolación, porque eso es lo que activo con mis vibraciones. Lo que emito lo atraigo hacia mí irremediablemente.
¿Por qué no le damos la vuelta a esta dinámica y empezamos a cantar cosas como me siento vivo, soy capaz o saldré adelante?
¿Qué generaría en nuestro interior empezar a proclamar que creo en mí, que yo puedo y que confío en mí mismo?
¿Cómo afectaría a la vibración de esas palabras el unirlas a la hermosa vibración de la música?
Es cierto que existen músicas que adormecen y músicas que elevan. Músicas que expanden el ánimo y otras con las que decae. Somos nosotros quienes debemos decidir cuáles de ellas escuchamos, permitiendo que sus frecuencias sutiles nos influyan. Somos perfectamente capaces de diferenciar el efecto que nos causan si prestamos atención a lo que sentimos al oírlas.
Podemos elegir qué escuchar. Podemos decidir que ya no cantaremos más afirmaciones que nos hacen daño. Porque daño es lo que algunas canciones causan en nuestra mente, en nuestras emociones y en nuestra energía, convirtiéndonos en enemigos de nosotros mismos.
No puedo ser mi amigo si constantemente afirmo y canto que no soy capaz de salir adelante sin el otro. Por supuesto que lo soy. Me tengo a mí mismo.
Tengo mi luz, la sabiduría de mi alma, la confianza en mí y las fuerzas creadoras que me permitirán atraer a mi vida todo lo que de verdad necesito, lo que deseo desde el corazón y lo que, sin duda, merezco.
Puedo crear con el pensamiento, con la palabra, con los actos. A partir de ellos puedo generar en mí emociones de alta vibración que llenen mi vida de alegría, paz y amor.
La satisfacción personal que siempre he anhelado se encuentra al alcance de mi mano. La llave está en mi interior.
Ananda Sananda

viernes, 25 de octubre de 2013

Sentirse en Paz es una Eleccion


Por Michael Brown

Es obvio en estos momentos para cualquiera que no está viviendo con su cabeza en la arena, que estamos actualmente experimentando una intensificación en todos los niveles de la experiencia humana. Cada día, en algún lugar del mundo, hay otro terremoto, inundación, desastre de una mina, desenmascaramiento político, crisis financiera, revelación pública de alguna forma de comportamiento no ético y disturbios civiles masivos. Países enteros se están dividiendo hasta los cimientos y están recurriendo a la retribución violenta.
Si examinamos nuestro ambiente inmediato de cerca, tenemos que ser testigos de la evidencia de esta sacudida justo en medio de nosotros. Lo que está sucediendo en el macrocosmos del escenario del mundo, también se está manifestando como el contenido de la conversación en lengua de todos. El conflicto y el caos de una forma u otra se están incrementando. Un gran cambio está en marcha.
Es vital ahora por lo tanto, dar homenaje a una experiencia que parece estar pasando a segundo plano mientras todo esto se desenvuelve: La Paz. En este momento no hay nada más importante que recordar diariamente que la experiencia de paz es una responsabilidad que se logra personalmente – no es un derecho que nos otorga ninguna organización política, económica, social o religiosa. La experiencia de la paz siempre se encuentra como un estado personalmente sentido y solo cuando es sentido a nivel personal, es entonces irradiado como una experiencia colectiva. La paz auténticamente sentida emana solo desde adentro.
Uno de los grandes engaños que nos jugamos, individual y colectivamente, es la noción de que ‘necesitamos hacer la paz’. ¿Han notado que nada que hayamos hecho a lo largo de toda nuestra historia humana documentada, en el intento por ‘crear paz’ jamás ha funcionado? Esto se debe a que la misma idea de que ‘la paz es algo que puede hacerse’, ya sea a través de la guerra, la discusión, el debate, los acuerdos, o firmando un tratado, es engañoso y por lo tanto desorientador.
Cualquier país u organización que clame haber logrado la paz a través de tales medios, ha demostrado con el tiempo que todo lo que se logró fue un ‘control forzado temporalmente, resultando únicamente en personas que viven durante un tiempo en una desesperación silenciosa y estados apagados de agresión pasiva, antes de que emerja nuevamente el descontento.
Esto se debe a que la paz no puede ‘hacerse’- ni en el Medio Oriente, ni en Sudáfrica, Indonesia o ningún lado. La paz ya existe dentro de la estructura vivencial de la Creación. La vibración que nosotros como humanos experimentamos como paz, fue creada mucho antes de que nos manifestáramos y existirá mucho después de que hayamos sido remplazados por otra especie animal dominante. La vibración de la paz está en todas partes. La paz está disponible incluso en medio de países arrasados por la guerra como Irak, Afganistán y cualquier otra región actualmente involucrada en el conflicto humano.
La ausencia de humanos en conflicto en cualquier ambiente, revela inmediatamente una radiación obvia de paz. Solo porque el comportamiento humano conflictivo oscurece su resonancia, esto no significa que ya no existe.
Nosotros simplemente entramos constantemente en comportamientos y conversaciones, con la intención de ‘tratar de hacer la paz’, porque no nos damos cuenta de lo que es la paz auténtica. Debido a nuestros actuales estados de confusión física, mental y emocional, no nos damos cuenta de que la paz auténtica es una experiencia que solo podemos sentir personalmente. En su lugar asumimos que es un arreglo que logramos colectivamente, a través de un acuerdo. Esto no es verdad. La paz es para que la sintamos en cualquier momento que elijamos, porque es una resonancia que nos envuelve a donde quiera que vayamos. Sin embargo, depende de nosotros elegir sentirla.
Justo ahora, en este momento, quienquiera que esté leyendo esta pieza de escritura puede sentir paz – si lo elige. No es una experiencia que alguien tenga que organizar para nosotros a través del debate, la discusión o el acuerdo. Ningún otro grupo tiene que ser dominado o reubicado para que seamos capaces de sentir paz. Dichas nociones son detracciones constantes de la realización auténtica de la paz. No tenemos que hacer las paces con nadie – tenemos que hacernos conscientes de ella como un sentimiento dentro de nuestro propio corazón, y entonces elegir ocupar esta conciencia, sin importar qué pase.
Incluso expresamos lo obvio de esta verdad en nuestro lenguaje. No decimos, “Yo pienso paz”, o “Yo hago paz”. Decimos, “Yo siento paz”. Y debido a que nadie, ningún paritario, político, sacerdote, comerciante, padre o pareja tiene la capacidad de sentir nada por nosotros – nadie es responsable por lo tanto de nuestro sentimiento, o falta de sentimiento de paz. La paz es una experiencia sensible que ya se otorgó libremente a cada humano. Sin embargo, es nuestra responsabilidad elegir entrar y contener esta conciencia.
Esto es por supuesto lo que lo hace difícil. La paz es inflexible. Elegimos sentirla – o elegimos sentir algo más. No podemos sentirnos en paz Y simultáneamente abrigar el sentimiento de estar en lo correcto y hacer las cosas a nuestra manera. No podemos sentirnos en paz Y simultáneamente sentir venganza. No podemos sentir paz Y simultáneamente sentirnos justificados por tener ‘la última palabra’. No podemos sentirnos en paz Y comportarnos dañinamente en alguna forma hacia otro ser humano, ser o creatura viviente. No podemos sentir paz Y simultáneamente forzar nuestra voluntad sobre otros. No podemos sentirnos en paz Y simultáneamente imponer que nuestra religión es la única forma correcta para comulgar con lo que sea que Dios signifique para nosotros. No podemos sentir paz Y simultáneamente tomar partido en cualquier conflicto.
La paz también requiere voluntad para liberar. El precio de sentirse en paz AHORA – en este momento – siempre está determinado por nuestra voluntad para integrar heridas perpetradas en el pasado. Esto se debe a que cualquier cosa que esté pasando dentro de nuestra experiencia de vida en este momento, que nos inhibe para entrar a la conciencia sensible de la paz, siempre tiene que ver con algo que sucedió en el pasado.
Justo ahora, en este momento, si lo elegimos, somos bienvenidos para sentir paz.
La verdadera pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Realmente buscamos paz? Esto podría parecer una pregunta obvia con una respuesta igualmente obvia – pero no lo es. La mayoría de nosotros podría responder inmediatamente que elegimos la paz, pero en un extremo, también nos sentimos justificados para elegir sentir que tenemos la razón, sentirnos vengados o sentirnos en control – en lugar de sentirnos en paz.
La realidad es que nadie se interpone entre nosotros y el sentimiento de paz. Podemos experimentar este sentimiento justo ahora. La paz es una resonancia sensible que ya ha sido creada por lo que sea que Dios signifique para nosotros, no es algo que algún día haremos los seres humanos. Sin embargo, ¿nos levantamos cada día y elegimos sentir la paz que ya ha sido creada para nosotros, o estamos todavía erróneamente esperando porque alguien ‘haga que la paz nos suceda’?
La paz solo existe en el mundo cuando elegimos sentirla ahora dentro de nuestra propia experiencia, mientras nos movemos a través del mundo. No existe otra forma de encontrarla auténticamente.
Si no nos estamos sintiendo en paz en este momento, se debe a que no estamos eligiendo sentirla. Es así de simple. Si nos unimos al flujo actual de las masas y nuestra experiencia personal se deteriora en un conflicto creciente, es probable que estemos eligiendo indignantemente tener la razón o tomar partido en algún drama humano, en lugar de sentir paz. Recuerden la expresión es, “Que la paz sea contigo”, no “Que la paz sea con ellos”.
Recuerden también que estar en paz no es ni puede ser una experiencia vivida como una actividad de grupo organizado. Siempre es una elección hecha a través de abrazar un nivel maduro de responsabilidad personal. No podemos vivir la paz votando por ella, forzándola, ganando más dinero para comprarla, o tomando lados para imponer nuestra versión de la verdad. Solo podemos recibir una conciencia sensible de ella como una experiencia directa, al elegir conscientemente sentir y vivir desde adentro esta resonancia lo mejor que podamos a lo largo de cada día. Si no elegimos personalmente sentirla, no entra a nuestra experiencia. Solo cuando la elegimos como “un sentimiento que cargamos conscientemente dentro de nuestro propio corazón” entonces irradia hacia fuera e impacta la cualidad de nuestro pensamiento y nuestras acciones.
En este momento, conforme las masas del mundo se tropiezan inconscientemente en el caos y el conflicto crecientes, no hay nada más importante que mantener una conciencia personal de lo que es realmente la paz. Nadie nos va a pagar por estar en paz. Nadie nos va a dar una palmada en la espalda ni va a escribir sobre nuestra paz en un diario. Nadie nos va a dar el Premio de la Paz y ni nos va a ofrecer una conferencia de prensa sobre ella. La paz auténtica no va a ser sujeto de noticias en un mundo que todavía cree erróneamente que ‘la paz es algo que tiene que hacerse’.
La paz es una condición sensible callada, calmada y elegida, resonando dentro del corazón individual.
Cuando somos capaces de despertar e iniciar cada día recordando elegir sentir paz – aunque sea solo en partes del nuestro día – entonces estamos sirviendo a la humanidad al mantener la luz clara de la sanidad en el mundo, cuando las masas están perdiendo completamente la visión de ésta.
Son bienvenidos a caminar en este día en paz. La paz es un regalo de la Voluntad de Dios para todos, no es el resultado de ninguna declaración humana. Su resonancia sensible es una elección personal del corazón, no un derecho político logrado a través de ninguna organización.
La paz está disponible como una experiencia dentro de ti y de mí, justo ahora. Es nuestra para elegirla. Siempre va a ser experimentada solo a través de la elección.

viernes, 11 de octubre de 2013

Tus pensamientos y emociones Crean tu vibración y circunstancias en tu vida, Incluyendo las enfermedades...



Todo en este mundo que se ve manifestado como  formas y  fenómenos, incluyendo cosas como la electricidad, las ondas de sonido, llegando a sus oídos como música y habla, todo es vibración .

Esto incluye su salud o enfermedad. 

A menudo se oye decir,
"Recibo buenas vibraciones de tal y tal persona ", o tal vez, "me da malas vibraciones de tal y tal lugar ".



Lo que realmente se está diciendo es que los diferentes tipos de vibraciones están siendo recogidos por los individuos. 

Cada tipo de energía tiene una frecuencia vibratoria diferente. Por ejemplo, el agua tiene una, y cuando se convierte en hielo, que tiene una vibración diferente. Cuando se convierte en vapor, la vibración cambia de nuevo. 

La electricidad tal como la conocemos en la Tierra es la forma más grosera de energía. Las ondas de sonido tienen su propia frecuencia de vibración. De todas ellas, el pensamiento es la vibración más fuerte.

La mayor parte de nuestros pensamientos se convierten en palabras - palabras habladas - y estas palabras nosotros las ponemos en acción. Acción que cuando son repetidas una y otra vez, forman nuestros hábitos, ¿no es así? Y nuestra propia naturaleza, nuestro carácter está determinado por nuestros hábitos. Cada mañana que despertamos es, entonces, determinada por nuestra naturaleza y carácter.

Si usted puede recordar que el viejo poema "Por el bien de un clavo se perdió todo un reino..." usted entenderá la importancia de lo que ordinariamente se podría llamar un simple pensamiento pequeño. 

Debido a que no se nos enseña la importancia y el poder del pensamiento, nunca hemos tenido el control consciente del mismo, con el resultado de que cuando las cosas desagradables entran en nuestra vida, no nos damos cuenta de la conexión entre el pensamiento-vibración y el efecto que tiene sobre nosotros.

Pensamientos edificantes nos permiten elevar nuestra conciencia y sensibilización; pensamientos no inspiradores tienden a arrastrarnos hacia abajo.

Esto no debería ser una sorpresa para nadie que cada parte de nuestro cuerpo físico vibra a una frecuencia precisa. Los pensamientos que no están en armonía o en "sincronización" con nuestro cuerpo causan impedancia a nuestra salud. 

Todos los órganos, todos los tejidos, membranas, células, glándulas, vibran en frecuencias precisas en un cuerpo sano.

Todos los pensamientos positivos, inspiradores, cariñosos y amables están en armonía con las vibraciones físicas y ayudan a seguir para mantener el cuerpo en perfecto estado de salud, con la circulación de la sangre fluyendo a todas las partes necesarias del cuerpo, con la digestión funcionando perfectamente y el cuerpo capaz de eliminar correctamente y con facilidad las toxinas y desechos, permitiendo también un sueño apropiado refrescante para el cuerpo.

Esta es una de las razones de 
la potencia de la oración. Debido a que las vibraciones de pensamiento estarían en armonía con la palabra hablada, añadiendo una fuerza tremenda a la oración, haciendo que la energía de la oración sea aún más potente.

En un sentido muy real, los buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones son la base de la Espiritualidad Práctica.

La Dra. Kaity Cama es una sanadora desde la infancia y trata de ayudar a las personas a llevar mejores vidas. Ella es una hipnoterapeuta clínica certificada, Graduada del Método Silva de Control Mental y tiene un Postgrado de Gran Maestro de Reiki. Entre diversos matices que posee la Dra. Cama, el más importante es que ella es alguien que ha dedicado su trayectoria de vida a ayudar a personas que utilizan la piedra angular de la conexión mente-cuerpo-espíritu.

jueves, 29 de agosto de 2013

La abundancia no se adquiere, se sintoniza – Dr. Wayne Dyer


La abundancia no se adquiere, se sintoniza – Dr. Wayne Dyer
La abundancia no es algo que nosotros adquirimos; es algo que nosotros sintonizamos. 
¿Qué es la abundancia? La abundancia es un estado del ser. La abundancia es el estado en el cual sientes que tienes todo lo que quieres. Es un sentimiento activo, una emoción. La abundancia está en tu humor vibratorio, la abundancia está en tus emociones diarias. La abundancia es parte de tu integridad y está en tu mente, cuerpo y espíritu. La abundancia no es una cuenta en dólares o cosas materiales como mucha gente piensa.
¿Qué es la pobreza? La pobreza también es un estado del ser. Pobreza es el estado de carecer de lo que quieres. Pobreza es el estado de resistencia para tener lo que quieres. Es un sentimiento activo, una emoción. La pobreza está en tu humor vibratorio, la pobreza está en tus emociones diarias. La pobreza es parte de tu integridad y está en tu mente, cuerpo y espíritu. La pobreza no es la ausencia de dinero en tu cuenta bancaria o cosas materiales como mucha gente piensa.
Si, la abundancia y la pobreza son estados del ser. Están en nuestras creencias, pensamientos y emociones. Por eso es que hay algunas personas que no tienen muchas cosas materiales y son felices, tienen abundancia en sus vidas porque ellos creen y sienten que tienen todo lo que ellos quieren; por otro lado, podemos ver algunas personas que tienen muchas cosas materiales y se rodean de lujos y están quejándose todo el tiempo porque no tienen suficiente. Este tipo de personas no tiene abundancia en sus vidas aun cuando ellos tienen todas las cosas materiales que quieren.
Siendo que la abundancia y la pobreza son estados del ser, podemos crearlas a través de nuestro humor vibracional, de nuestras emociones o estados de ánimo.
¿Qué estas creando diariamente? Si te estás quejando de la falta de dinero y diciéndote a ti mismo y a los demás que es muy difícil tener dinero, o que el dinero es un problema, estos sentimientos están bloqueando la abundancia y estas creando más pobreza. Pero tú puedes crear lo que quieras.
¿Qué quieres crear, pobreza o abundancia? Somos creadores y creamos cosas de adentro hacia afuera. La abundancia es una emoción, la emoción de tener todo lo que quieres sin importar las circunstancias.
Quizás estas pensando: Es fácil de decirlo, pero es muy difícil cuando tienes deudas y no tienes dinero para pagar las cuentas, y es correcto, es muy difícil, así que estás creando más pobreza cuando piensas de esa forma y empeoras tu situación. Si quieres crear abundancia en tu vida, la forma mas fácil es empezar con tus palabras. Las palabras crean pensamientos. La repetición de las palabras se convierte en creencias, y las creencias crean sentimientos; tú puedes activar esos sentimientos para convertirlos en emociones y tus emociones son tu humor vibracional.
Empieza por saber que tú te mereces sólo cosas buenas, lo mejor. La abundancia te está esperando, sólo necesitas estar en el mismo humor vibracional.
Fuente:http://hermandadblanca.org/2013/08/29/la-abundancia-no-se-adquiere-se-sintoniza-dr-wayne-dyer/#.Uh9I0NIty8A

miércoles, 14 de agosto de 2013

La Ciencia Perdida de la Oración y de la Profecía.

"El Lenguaje de Dios". Gregg Braden.





Las antiguas tradiciones sugieren que el efecto de la oración procede de algo que no
son las palabras en sí mismas. Quizás esta sea la razón por la que haya tanta gente
que parezca haber perdido la fe en la oración. Tras las revisiones de la Biblia en el siglo IV, los detalles subyacentes al lenguaje de la oración se fueron perdiendo gradualmente en las tradiciones occidentales, dejando sólo las palabras. En esta era, muchos empezaron a creer que el poder de la oración residía sólo en la palabra hablada. Las revelaciones de los textos anteriores al siglo iv, sin embargo, nos recuerdan que no hay códigos mágicos en las vocales y las consonantes que nos abran las puertas a reinos olvidados. El secreto de la oración trasciende las palabras de alabanza, los encantamientos y los cantos rítmicos de los «poderes que son».

Mediante textos como los manuscritos del mar Muerto, se nos invita a vivir la intención de nuestra oración en nuestras vidas, pues si las palabras sólo se «repiten con los labios, son como una colmena muerta... que no da más miel».

* En el lenguaje esenio se hace referencia a los ángeles de muchas formas, una de
ellas es como fuerzas o poderes. (Nota de la T ).

EXPRESAR LO INEFABLE 
El poder de la oración reside en una fuerza que no se puede describir ni transmitir
como la palabra escrita; son los sentimientos que sus palabras evocan en nuestro interior. 

Es el 'sentimiento que ponemos en nuestras oraciones el que nos abre la puerta e ilumina nuestro camino hacia las fuerzas visibles e invisibles. Aunque, con frecuencia, otras referencias antiguas hacen alusión a este aspecto de nuestra comunión con la creación, el abad del Tíbet nos confirmó el elemento del sentimiento en la oración durante nuestra audiencia privada.

Respecto a mi pregunta sobre lo que les estaba ocurriendo interiormente a los
monjes y a las monjas cuando contemplábamos la expresión exterior de sus oraciones, el abad respondió con una sola palabra: sentimiento. Las expresiones externas de la oración qué presenciamos en los monasterios del Tíbet eran una manifestación de los movimientos y sonidos que utilizaban los monjes y las monjas para crear los sentimientos en su interior. El abad llevó su reo puesta todavía un poco más lejos cuando nos dijo que el sentimiento era algo más que un factor en la oración. ¡Hizo hincapié en que el sentimiento es la oración!

A través de la comunión con los elementos de este mundo, se nos abren las puertas
a los grandes misterios de la vida, a la oportunidad de «ver lo invisible, escuchar lo inaudible y expresar lo inefable». La oración en su forma más pura no tiene expresión externa. Aunque podamos pronunciar una secuencia de palabras prescrita que nos ha sido transmitida de generación en generación, esta ha de originar un sentimiento dentro de nosotros, para que llegue al mundo que nos rodea. En el mejor de los casos, cualesquiera que sean las palabras que escojamos para recitar nuestras oraciones en voz alta, sólo serán una aproximación al sentimiento interior que intentan describir. ¿Cómo pudieron los grandes maestros hace dos mil años enseñar estos sentimientos? ¿Cómo podemos compartirlos hoy en día?.

Muchas veces, cuando me piden que hable a grupos sobre la oración, surge una
pregunta que me recuerda una conversación que tuve hace años con mi madre. Una
tarde, mientras hablábamos por teléfono entre breves visitas y a través de varias zonas horarias, yo estaba compartiendo mis impresiones acerca de un nuevo taller que había preparado sobre la compasión. Cuando le di mi definición de oración que comprendía sentimiento y emoción, mi madre me hizo una pregunta que me han hecho muchas personas desde aquel día en muchas y diversas situaciones. Abierta e inocentemente, me dijo sin más: «¿Cuál es la diferencia entre emoción y sentimiento? Siempre había pensado que eran lo mismo».

Sentía curiosidad por escuchar la visión de mi madre sobre estas, a veces, confusas
experiencias que desempeñan un papel tan importante en nuestras vidas. Como cabía
esperar, su explicación se asemejaba a las definiciones comúnmente aceptadas en la
actualidad en Occidente. Por ejemplo, algunos diccionarios consideran ambas palabras casi sinónimas y usan cada una de ellas para definir a la otra. En The American Heritage Dictionary of the English Language, la palabra sentimiento es definida como «un estado emocional o disposición; una emoción tierna». (En el mismo texto, emoción la definen en un sitio como «sentimiento fuerte», y en otro como sinónimo de sentimiento.) Aunque estas definiciones puedan servir a los propósitos de nuestro mundo actual, los antepasados hacían una distinción. Además, aunque íntimamente relacionados, pensamiento y sentimiento se consideran elementos sin conexión, claves, que se pueden utilizar para realizar un cambio en las condiciones externas, en nuestro cuerpo, nuestro mundo y más allá de éste.

COMO ARRIBA... 
En un relato de hace veinte siglos, las gentes de Tierra Santa hicieron una pregunta a sus guías que continúa resonando en nuestras mentes. Salvo por condiciones
específicas, la pregunta sigue siendo inquietantemente similar. Respecto a la paz en el mundo, nuestros antepasados preguntaron: «¿Cómo, entonces, podemos traer paz nuestros hermanos... pues queremos que todos los Hijos de los Hombres compartan las bendiciones del ángel de la paz?».' Los maestros esenios respondieron ilustrando el papel del pensamiento, del sentimiento y de la poderosa naturaleza de la oración. Sus palabras, desafiando nuestra lógica actual, nos recuerdan que la paz es algo más que la simple ausencia de agresión o de guerra. La paz trasciende el término de un conflicto o una declaración política. Aunque puede que forcemos el aspecto externo de la paz sobre un pueblo o una nación, es el pensamiento subyacente el que se ha de cambiar para crear una paz auténtica y duradera. Los maestros esenios, en palabras que, sorprendentemente, suenan muy similares a las budistas y cristianas, respondieron que «tres son las moradas del Hijo del Hombre... Su cuerpo, sus pensamientos y sus sentimientos... Primero el Hijo del Hombre deberá hallar la paz en su propio cuerpo. Luego el Hijo del Hombre deberá buscarla en sus pensamientos... Por ultimo buscará en sus sentimientos».

Los antepasados nos ofrecieron una elocuente visión de una forma de pensar que nos
permite redefinir lo que hemos experimentado fuera recurriendo a aquello en lo que nos hemos convertido interiormente. Una escuela de medicina, similar en algunos aspectos al sistema de la práctica sanitaria occidental, aporta un cambio al atacar la enfermedad misma. Según este sistema se eliminan los cuerpos extraños mediante medicamentos, o se extirpan quirúrgicamente los órganos y tejidos que parecen enfermos. Otra escuela de pensamiento trasciende la expresión externa del aspecto de nuestro cuerpo y va en busca de los factores subyacentes que pueden ser la causa de ese estado, donde las fuerzas invisibles del pensamiento, el sentimiento y la emoción se convierten en el plano que nos ayudará a comprender y cambiar las situaciones de nuestra vida que ya no nos sirven.

Para cambiar las condiciones del mundo exterior, se nos invita que primero las
transmutemos desde dentro. Cuando lo hacemos, las nuevas condiciones de salud o de
paz se proyectan en el mundo que nos rodea. Esto es esencial en el pasaje esenio que
he citado. 


Para aportar paz a nuestros seres queridos, primero hemos de convertirnos en esa paz. En el lenguaje de su tiempo, los autores de los manuscritos del mar Muerto incluso nos ofrecen revelaciones de la tecnología que facilita esta sanadora cualidad de la paz: se ha de producir en nuestros pensamientos, sentimientos y cuerpos. ¡Qué poderoso concepto y cuánta fuerza transmite!. 
Cuando comparto en grupo los pasajes de los esenios, observo las caras de las personas desde mi ventajosa situación en la parte frontal del aula. Al principio el cambio se produce lentamente. Mientras unas personas sencillamente anotan las palabras en sus cuadernos con pocas muestras de emoción, otras se entusiasman e inmediatamente captan el significado de las antiguas enseñanzas. Al confirmar ideas actuales con los manuscritos que nos legaron aquellos que siguieron el mismo camino y que buscaban las mismas confirmaciones hace dos mil años, se produce algo mágico.

A través de sus visiones, los esenios ancianos diferenciaban claramente entre
emoción, pensamiento y sentimiento. Aunque el pensamiento y la emoción estén
íntimamente relacionados, primero han de ser considerados aparte, y luego fundirse en
una unión de sentimiento que se convierte en el lenguaje de creación silencioso. Las
descripciones siguientes de cada experiencia son consignas que nos conducen al núcleo
de nuestro perdido modo de orar.

Emoción 
La emoción se puede considerar como la fuente de poder que nos guía hacia delante
en nuestras metas en la vida. Mediante la energía de nuestra emoción alimentamos
nuestros pensamientos para hacerlos realidad. Sin embargo, este poder de la emoción
por sí solo puede desperdigarse y perder el rumbo. El pensamiento confiere una dirección a nuestras emociones, y éstas inyectan vida en la imagen producida por nuestros pensamientos.

Las tradiciones antiguas sugieren que somos capaces de tener dos emociones primarias. Quizá para ser más exactos, podríamos decir que a lo largo de nuestras vidas experimentamos varias condiciones que se resuelven en una sola emoción. El amor es un extremo de esas condiciones. Cualquier cosa que creamos que se opone al amor es el segundo extremo, con frecuencia definido como miedo. La calidad de nuestra emoción determina cómo se expresará esta. La emoción, unas veces fluyendo y otras alojada en los tejidos de nuestro cuerpo, está íntimamente relacionada con el deseo, que es la fuerza que conduce a nuestra imaginación a una resolución.

Pensamiento 
El pensamiento se puede considerar como el sistema de guía que dirige nuestra emoción. La imagen o la idea creada por nuestro pensamiento es la que determina hacia
dónde se dirige nuestra atención o emoción. El pensamiento está íntimamente relacionado con la imaginación. Sorprendentemente, para muchas personas, el
pensamiento por sí solo no tiene mucha energía; es sólo una posibilidad sin energía que le dé vida. Es la belleza del pensamiento puro. Ante la ausencia de emoción, no hay poder que pueda hacer realidad nuestros pensamientos. Nuestro don del pensamiento carente de emoción es el que nos permite modelar y simular las posibilidades de la vida sin riesgo, sin crear temor o caos en nuestras vidas. Es sólo con nuestro amor o miedo hacia los objetos de nuestros pensamientos como infundimos vida a las creaciones de nuestra imaginación.

Sentimiento 
El sentimiento sólo puede existir cuando hay pensamiento y emoción, puesto que representa la unión de los dos. Cuando sentimos, estamos experimentando el deseo de
nuestra emoción fusionada con la imaginación de nuestros pensamientos. El sentimiento
es la clave de la oración, al igual que nuestro mundo de los sentimientos lo es para la creación. Cuando atraemos o repelemos a otras personas, situaciones y condiciones que encontramos en nuestra experiencia, quizá deberíamos observar nuestros sentimientos para comprender la razón.

Por definición, para tener un sentimiento, en primer lugar hemos de tener un pensamiento y una emoción. El reto para desarrollar nuestro nivel más elevado de dominio personal es reconocer qué pensamientos y emociones representan nuestros
sentimientos. 


De estas simples y hasta quizá demasiado simplificadas definiciones, es evidente por
qué es imposible «pensar sin más» en experiencias aterradoras y dolorosas. El pensamiento sólo es un componente de nuestra experiencia, «ver» en nuestra mente los
posibles resultados. El dolor, sin embargo, es un sentimiento, el producto de nuestro
pensamiento alimentado por el amor o el odio hacia lo que nuestra mente cree que ha
ocurrido.
 Los maestros esenios, con esta fórmula, nos invitan a sanar los recuerdos de nuestras experiencias más dolorosas cambiando la emoción de la propia experiencia. 

Como antigua base para el axioma moderno «la energía sigue a la atención», una parábola concisa del perdido Evangelio Q describe este concepto: «Quien quiera proteger su vida, acabará perdiéndola». Estas engañosas y breves palabras explican por qué a veces atraemos a nuestras vidas experiencias que son las últimas que habríamos deseado tener. En este ejemplo, mientras nos preparamos y defendemos contra todas las posibilidades y situaciones en las que podríamos perder nuestras vidas, el modelo sugiere que en realidad estamos llevando la atención a esa misma experiencia que estamos intentando evitar. Al no querer, creamos la condición que permite que suceda. En lugar de centrar nuestra atención en lo que no queremos, es mucho mejor identificamos con lo que queremos traer a nuestras vidas y vivir con esa perspectiva. Justamente las afirmaciones proporcionan un maravilloso ejemplo de este principio.

Últimamente, las afirmaciones se han hecho muy populares entre los seguidores de
algunas enseñanzas esotéricas y espirituales. En estas tradiciones se sugiere que al
afirmar, muchas veces al día, las cosas que elegimos experimentar en nuestra vida, estas llegan a suceder. En general, cuanto menos complicada sea la afirmación, más claro será el efecto. las palabras de nuestras afirmaciones con frecuencia reflejan un deseo de cambio en la vida, como por ejemplo: «Mi pareja perfecta se está manifestando para mí en este momento» o «Estoy desbordante ahora y en todas las manifestaciones futuras».

Conozco personas que llevan sus afirmaciones hasta el grado de convertirlas en una
disciplina formal. Empiezan a prepararse en el aseo con notas pegadas alrededor del
espejo, recordándose las afirmaciones. Cuando cogen el coche para ir al trabajo por la mañana, pegan las notas en el salpicadero y se las cuelgan en los retrovisores. En el trabajo en su despacho las pegan en la mesa, en el tablón de notas y en la pantalla del ordenador; cada nota es como un recordatorio de esas cosas que han elegido cambiar o traer a sus vidas.

Es evidente que a algunas personas las afirmaciones les han abierto poderosas
puertas. Por primera vez, las personas han empezado a sentirse dueñas y responsables
de las cosas que les pasan en la vida. A algunas personas las afirmaciones les han
funcionado; sin embargo, a otras muchas no. Tras meses de innumerables repeticiones
de recordatorios creativos sin resultado alguno, sencillamente han dejado de repetir las afirmaciones. Nuestro antiguo modelo de pensamiento, emoción y sentimiento podría ayudar a esas personas a comprender lo que ha sucedido o lo que no ha sucedido.

CUANDO LA ORACIÓN NO FUNCIONA 
No hace mucho hice una encuesta informal entre los participantes de mis seminarios
respecto a la oración. Utilicé los resultados para proporcionar un ejemplo actual de la naturaleza de la oración en ese tipo de audiencia en particular. Cada encuesta empezaba con la pregunta: «Cuando rezas, ¿qué pides?». Me puse un tablón con las hojas y delante de él iba registrando los múltiples y variados escenarios que habían descrito los miembros de cada grupo. Después de seis meses de estas encuestas informales, de públicos que eran una muestra representativa de distintos estratos sociales, étnicos, geográficos y de edad, pude definir cuatro propósitos para orar: para conseguir más dinero, un trabajo mejor, tener buena salud y mejorar las relaciones, justamente en este orden.

Orar por: Pensamiento - Sentimiento - Emoción.
1. Más dinero ...
2. Un trabajo mejor ...
3. Buena salud ...
4. Mejorar las relaciones ...

Al aplicar nuestro modelo de oración como pensamiento, sentimiento y emoción,
podemos averiguar por qué funcionan nuestras oraciones y qué sucede cuando no es
así. Por ejemplo, a la cabeza de la lista, lo más normal era rezar por dinero. Si queremos rezar para conseguir «más dinero», primero hemos de ser conscientes de cuánto dinero tenemos. Si rellenamos los espacios en blanco a medida que nos desplazamos por la tabla hacia la derecha, obtendremos una visión sobre la cualidad de dichas percepciones.

Cuando pedí a los asistentes que piden más dinero en sus oraciones que describieran sus pensamientos sobre él, las respuestas me llegaban desde todas las direcciones de la sala. Como cabía esperar, eran bastante similares. Frases como «no tengo bastante», «necesito más» y «se me está acabando» eran bastante frecuentes.
Enseguida apunté las palabras que correspondían al apartado «pensamiento».

Antes hemos identificado el pensamiento como nuestro sistema de guía, el programa
direccional para la energía que movemos en el mundo. Sin ese poder que alimenta a
nuestro pensamiento, este podría existir indefinidamente como una posibilidad en nuestra mente. El potencial del pensamiento sin la energía que lo alimenta, es lo que conocemos como deseo. Para que nuestro pensamiento tenga fuerza, hemos de infundirle energía; quizás esta sea la respuesta a por qué nuestras oraciones a veces parecen no tener respuesta.Cuando no está el poder que da vida a nuestras afirmaciones, éstas pueden existir indefinidamente como un potencial, como deseos bienintencionados.

Es nuestro don de la emoción el que confiere poder a la posibilidad de nuestro deseo.

Al reconocer que podemos elegir amor o miedo como la emoción que alimenta a nuestro
pensamiento, es más frecuente que basemos nuestra necesidad en el segundo. Cuando
decimos que «necesitamos más» o que se «nos está acabando», generalmente la emoción que está detrás de estas afirmaciones es el miedo. Aun reconociendo que puede haber excepciones, he colocado la palabra «miedo» a la cabeza de la categoría «emoción» en nuestra tabla. Con estos elementos de la oración aparentemente simples, adquirimos una claridad tremenda acerca del mecanismo de cómo y por qué nuestras oraciones funcionan en el modo en que lo hacen.

Con los resultados de esta tabla delante, planteo la siguiente pregunta: cuando
unimos la emoción del miedo con el pensamiento de «no tengo suficiente», ¿qué
sentimiento obtenemos?. La respuesta suele ser el silencio. No me sorprende, porque el sentimiento es distinto para todos. La palabra que utilizamos para describir el sentimiento no es importante. Lo que importa es el sentimiento. 


-¡Venga! -les vuelvo a preguntar-. ¿Cómo os sentís cuando pensáis que no tenéis
dinero y experimentáis la emoción del miedo?

-¡Uf! -oigo exclamar desde algunas partes de la sala. -¡Fatal! -dice alguien.

-Justamente -respondo yo-. Ahí es precisamente adonde quiero llegar. -A través de
nuestros sentimientos, de la unión invisible de pensamiento y emoción, escogemos las
situaciones que condicionan nuestra vida. Cuando imaginamos un resultado con el ojo de nuestra mente y somos conscientes de la emoción que lo está alimentando, forjamos el sentimiento. Para comprender lo que hemos creado, basta con mirar el mundo que nos
rodea. ¿Cómo vamos a crear dinero, relaciones y salud si los sentimientos que alimentan a nuestra creación son «fatal» y «uf»? Los sentimientos de desvalorización alimentan precisamente la creación de esa experiencia contraria a la que deseamos tener en nuestra vida, el sentimiento de falta de autoestima. Casi todas las personas presentes ya han escuchado los principios del ejercicio. Quizá lo que les resulte nuevo sea la oportunidad de poder comprender qué es lo que les había sucedido en el pasado cuando rezaban. Ahí es donde empieza nuestra sanación. 

Al repasar juntos estos ejercicios, en menos de diez minutos, con la ayuda de un
sencillo tablón para colgar hojas, es posible ilustrar el mecanismo de lo que puede que sea el poder más grande de la creación. ¡Es la dicha que surge de recordar nuestro poder para traer bienestar, abundancia, salud, seguridad y felicidad a nuestras vidas, que se había perdido en Occidente hace mil quinientos años! Además de identificar cómo funciona nuestra tecnología interna de la oración, también tenemos que cambiar los elementos de nuestra oración para que nos sirvan mejor en el futuro.

Tras decir esto, inmediatamente se establece esta comprensión entre los participantes. Oigo un suspiro, luego otro y otro. Cada uno acentuado con brotes de risitas nerviosas, quizás en un esfuerzo para disipar la intensidad del momento. Al mirar los rostros de los asistentes, tengo el privilegio de contemplar el inicio del milagro.

EL CALDO DE LA CREACIÓN 
Con los años, he aprendido muchas cosas de las personas que he conocido en
distintos lugares. Aunque cada grupo de participantes es único, hay aspectos universales que conectan a cada grupo de cada ciudad con la experiencia común de formar una sola familia. Hacer una pregunta es uno de esos aspectos. Hay personas que se arman de valor para hacer una pregunta, mientras que otras, que se encuentran en el mismo lugar y se están preguntando lo mismo, no lo expresen. Algunas personas puede que sean conscientes de su pregunta, pero se sienten cohibidas para exponerla delante de un grupo. Otras, hasta que no la oyen en boca de otro no dicen: «Sí, yo me estaba preguntando lo mismo». Yo disfruto con esos momentos. Nuestros grandes momentos de comunicación se producen cuando hay la oportunidad de interactuar y aclarar cosas entre todos.

En una de las primeras oportunidades que tuve de presentar los conceptos de la
oración en un taller, un señor que estaba sentado en las primeras filas, lanzó un suspiro que todo el mundo pudo oír. ¡Sin duda consiguió acaparar mi atención! Al mirarle, vi una expresión de inseguridad en su rostro. Busqué un modo de reconocer la frustración del hombre sin mirarle directamente, y quizá con ello hacerlo sentirse molesto; me dirigí entonces al público y dije: «¿Hay alguna pregunta?».

El hombre del suspiro aprovechó inmediatamente la oportunidad. Era un hombre de
unos treinta y cinco años, y tenía un codo apoyado sobre la mesa que compartía con los demás de su fila. Apoyaba informalmente la barbilla en su mano abierta situada debajo de la mandíbula. Mientras me dirigía hacia él para escuchar su pregunta, colocó su lápiz sobre la mesa cerca de su cuaderno de notas. Miré rápidamente la página que tenía delante. Estaba llena de notas, diagramas y garabatos. Pude ver que este hombre había estado ocupado. Comenzó a hablar con otro gran suspiro.

-Ya he oído esto antes -dijo, manteniendo la barbilla apoyada en su mano-. Llevo
muchos años en el «camino» y he estado con muchos maestros. De un modo u otro,
todos han dicho lo mismo. Lo que está diciendo no es nada nuevo. Sin embargo, ha
habido algo en lo que nunca había caído en la cuenta hasta ahora. ¿De qué modo
nuestros sentimientos internos pueden tener algún efecto sobre lo que sucede en el
mundo exterior? 

Recordé la conversación que había tenido meses antes con mi madre. La idea de que
el componente sutil del pensamiento, sentimiento y emoción pudiera tener algún efecto sobre el mundo físico de moléculas, átomos y células era un misterio para mi madre, al igual que para ese señor. Empecé con una explicación que he usado como una analogía en muchas ocasiones con el paso de los años. Procede de un experimento que recuerdo haber realizado en una fase temprana de mi vida para probarme los principios de los que estábamos hablando.

-El caldo de la creación existe como un estado de posibilidades -empecé-. Todos los
componentes para cualquier cosa que podamos llegar a concebir, incluyendo la propia
vida, existen en ese estado de posibilidad. Aunque allí están los componentes para
formarlas, no hay ningún desencadenante que las «empuje» a moverse. Esta idea es muy
similar a hacer una barra de caramelo de colores con una jarra de agua a la que le hemos añadido mucho azúcar. Podemos añadir muchas cucharadas de azúcar en el agua y ver cómo se disuelve y desaparece. Aunque ya no vemos el azúcar, sabemos que hay varias cucharadas en esa agua.

»El azúcar permanece en el mismo estado, invisible, hasta que llega algo que cambia
las condiciones del agua. A eso lo llamamos catalizador, algo que desencadena una
nueva oportunidad para que el agua y el azúcar interactúen. El desencadenante puede
ser algo tan simple como colocar una cuerda de fibra en el agua. Cuando el agua
impregnada de azúcar se absorbe en la cuerda, se evapora y se separa del azúcar. Al no haber agua, el azúcar se cristaliza en una nueva expresión de sí mismo, en los diminutos cristales que siguen las leyes del aire más que las del agua. Diferentes temperaturas y presiones representan distintas leyes y producen cristales diferentes.

»Cuando creamos sentimientos sobre las cosas que queremos experimentar en el mundo, estos son como la cuerda en la solución de azúcar. Entre las posibilidades de la
creación colocamos una imagen de sentimientos, con la energía suficiente para hacer
realidad una nueva posibilidad. Sin embargo, la clave de este sistema es que la creación devuelve precisamente lo que nos ha mostrado nuestra Imagen. La imagen le dice al caldo creativo dónde hemos puesto nuestra atención. La emoción que asociamos a nuestra imagen atrae la posibilidad de la misma. Cuando «no queremos» algo -Una
emoción que se basa en el miedo-, nuestro miedo está aumentando eso que no queremos.

Estas leyes nos invitan a robustecer nuestras elecciones centrándonos en las experiencias positivas que hemos elegido más que preparándonos para las cosas
negativas que no deseamos. La creación simplemente produce la consecuencia de nuestro sentimiento, perpetuando aquello que hemos imaginado. Este es el antiguo secreto de un modo olvidado de oración, algo que se perdió en el siglo iv.

Vi el cambio de expresión en la cara del hombre. En cuestión de segundos, este
sencillo experimento, que hoy en día se realiza en potes de mayonesa expuestos a la luz solar en innumerables alféizares de ventanas de incontables aulas alrededor del mundo, explicaba una posibilidad que le había desconcertado durante años.

¿CÓMO ORAMOS? 
Tras él ejercicio de afirmaciones y oración, pregunté a los participantes si sentían que sus oraciones en el pasado habían tenido respuesta. Al principio hubo silencio, dudaban en responder. Poco a poco la gente empezó a levantar la mano para decir «no» o «sólo a veces». Estas personas me estaban diciendo que para las categorías de la oración concernientes al dinero, trabajo, relaciones y maestros, muchos sentían que sus ruegos no habían sido escuchados.

Mi siguiente pregunta fue: «¿Por qué?». ¿Adónde recurrimos para comprender la sofisticada tecnología de la oración y cómo la aplicamos a nuestras vidas?Los investigadores de la oración, por razones de estudio, dividen las múltiples aplicaciones y métodos de oración utilizados en Occidente en grandes categorías. Por ejemplo, Margaret Paloma, profesora de sociología en la Universidad de Akron (Ohio), identifica cuatro clases o modos, que describo a continuación.

Oración coloquial 
Nos comunicamos con Dios con nuestras propias palabras, describiendo informalmente nuestros problemas o dando las gracias por las bendiciones que recibimos en nuestras vidas: «Amado Dios, por favor, permite por esta vez que mi coche llegue a la
gasolinera que está en la próxima salida de la autopista, te prometo que nunca volveré a dejar que se me acabe la gasolina».

Oración de petición 
En este tipo de oración pedimos nuestro bien a las fuerzas creativas de nuestro
mundo para obtener cosas o resultados específicos. La oración de petición puede ser
formal o con nuestras propias palabras: «Poderosa presencia "Yo soy", reclamo mi
derecho a sanar».

Oración ritualista 
Aquí repetimos una secuencia determinada de palabras, quizás en ocasiones especiales o en momentos concretos. Las oraciones antes de irse a dormir como el «Con Dios me acuesto...», o el «Señor, bendice los alimentos que vamos a tomar... » antes de
las comidas, son ejemplos por todos conocidos.

Oración meditativa 
Una oración meditativa es la que trasciende las palabras. En meditación estamos en
silencio, quietos, abiertos y conscientes de la presencia de las fuerzas creativas dentro de nuestros mundos y nuestros cuerpos. En nuestra quietud, dejamos que la creación se exprese a través de nosotros en ese momento.

Para muchas personas, la práctica de la meditación va más allá de la oración. En el
sentido más estricto de la palabra, si la meditación implica un pensamiento, un
sentimiento y una emoción, puede ser definida como meditación y oración.

Los cuatro modos descritos, utilizados individualmente o combinados, constituyen el
grueso de las modalidades de oración que se emplean en Occidente. En mi experiencia de las tradiciones indígenas o esotéricas, siempre ha habido referencias a un modo de oración que nunca ha parecido encajar en ninguna de estas categorías. Los viajes a algunos de los lugares más sagrados de la Tierra me han revelado un modo de oración que está reservado para los iniciados y los estudiantes serios de temas espirituales.
Las paredes de los templos de Egipto, las costumbres de los amerindios del Norte y los curanderos de las montañas de Perú me han enseñado una forma de oración que no parece ser conocida en las tradiciones occidentales.

¿Es posible que exista un quinto modo que nos permita fusiona nuestros pensamientos, sentimientos y emociones en una única y potente fuerza de creación?.
Además, ¿es esta la fuerza que abre directamente la puerta a los procesos de sanación
en nuestro cuerpo y en el mundo? Tanto los textos antiguos como los estudios modernos
nos dan a entender que así es. 


Los ejemplos del cáncer curado, de la desaparición de la herida del cuello, la
compresión del tiempo en el desierto del Sinaí y la misteriosa contraorden del bombardeo de Iraq nos ofrecen pistas sobre el secreto que envuelve a nuestro olvidado método de oración. Gracias a nuestra nueva comprensión del tiempo y de los puntos de elección, la física cuántica considera la posibilidad de cada uno de estos aparentes milagros como productos que ya existen. El secreto de nuestro olvidado método de oración es cambiar nuestra visión de la vida sintiendo que el «milagro» ya se ha producido y que nuestras oraciones ya han sido escuchadas. Los pueblos indígenas del mundo comparten el recuerdo de esta oración en sus textos más sagrados y en sus tradiciones más antiguas.

Ahora tenemos la oportunidad de atraer esta sabiduría a nuestras vidas en forma de
oraciones de gratitud por lo que ya tenemos, en lugar de pedir para que nuestras
oraciones sean escuchadas.

LA ORACIÓN DE DAVID 
Estiré la mano por encima del hombro para alcanzar una botella de agua fresca de mi
mochila. Eran sólo las once de la mañana y el alto sol del desierto ya había penetrado el grueso nailon, eliminando cualquier resquicio de frescor de la botella. Durante semanas nos habían estado avisando de que estaban prohibidas las fogatas y quemar basuras. Incluso lanzar un cigarrillo desde la ventana de un vehículo en marcha podía suponer una cuantiosa multa. Este era el tercer año de sequía en el desierto del sudoeste de Estados Unidos. Aunque era una época de climas extremos en todas partes, parecía que las montañas del norte de Nuevo México estaban especialmente afectadas. Las pistas de esquí no habían abierto ese año, y el río Grande se había reducido a un hilo antes de fusionarse con el río Rojo cerca de Questa.

Al coger la reblandecida botella de plástico para abrirla, se me derramó un poco de
agua alrededor del tapón. Observé fascinado cómo el agua salpicaba el suelo. La
superficie estaba tan reseca que las gotas se fusionaban formando un charquito antes de rodar al interior de una pequeña depresión cercana. Incluso dentro de ese hoyo
superficial, no se difuminaron y absorbieron en la tierra. Para mi sorpresa, todo el
charquito se evaporó en cuestión de segundos.

-La tierra tiene demasiada sed para beber -me dijo David suavemente desde detrás.
-¿Has visto antes una sequía como ésta? -le pregunté.
-Los ancianos dicen que hace más de cien años que las lluvias no nos dejaban durante tanto tiempo -respondió David-. Esta es la razón por la que hemos venido a este
lugar, para invocar a la lluvia.

Hacía años que conocía a David; de hecho, desde antes de trasladarme al elevado
desierto del norte de Santa Fe. Los dos habíamos emprendido un viaje sagrado alejándonos de nuestros hogares, familias y seres queridos. Su gente llamaba a estos
viajes la «búsqueda de la visión». Para mí suponía la oportunidad de escaparme de mis
compromisos corporativos y estar en contacto con la tierra durante mi etapa periódica de reflexión sobre mi propósito y rumbo en la vida. A los cinco meses de habernos conocido, me fui a vivir a las montañas que había visitado para estar en soledad. Aunque David y yo rara vez nos veíamos, cuando lo hacíamos era como si hubiéramos estado hablando el día anterior. Nunca había ninguna sensación de extrañeza o necesidad de disculparnos por nuestra falta de contacto. Los dos sabíamos que teníamos que dar prioridad a las cosas de nuestra vida que nos exigía nuestra atención. En ese momento estábamos juntos, compartiendo una tórrida mañana de verano en el desierto.

Tras un largo trago de mi botella caliente, me levanté y empecé a caminar hacia
David. Él estaba a unos veinte pasos por delante. Le seguía por un camino invisible que sólo él podía ver. Nuestra marcha se hacía más rápida a medida que nos abríamos paso por densos matorrales de salvia y chamico que llegaban a la altura de las rodillas. Miré el suelo que tenía delante. Cada uno de mis pasos levantaba una pequeña nube de polvo que desaparecía en la tórrida y seca brisa. Detrás no quedaba ni rastro del camino que estábamos creando. David sabía exactamente adónde íbamos; era un lugar conocido por su familia y antepasados durante muchas generaciones. Año tras año acudían a ese lugar en busca de la visión, para realizar sus ritos de paso, y en ocasiones especiales como hoy.

-Allí -dijo David. Miré hacia donde estaba apuntando. Tenía el mismo aspecto que
los otros miles de hectáreas de salvia, junípero y pino que nos rodeaban en el valle.

-¿Dónde? -pregunté.

-Allí, donde cambia la tierra -respondió David.

Miré detenidamente, estudiando el paisaje. Revisé la parte superior de la
vegetación, mis ojos buscaban irregularidades en el espacio y en el color. De pronto
saltó a la vista, como una imagen oculta en uno de esos gráficos tridimensionales que
disfrazan una imagen entre los puntos. Miré más de cerca y vi que las puntas de los
arbustos de salvia tenían una distribución diferente. Al dirigirnos hacia la aparente
anomalía, pude ver algo en el suelo, algo grande e inesperado. Me detuve para
colocarme a la sombra que creaba mi propio cuerpo, y entonces pude ver una serie de
piedras, hermosas y de todo tipo, organizadas para formar perfectas líneas y círculos
geométricos. Cada piedra estaba exactamente situada, revelando la precisión con la que las antiguas manos las habían colocado cientos de años antes.

¿Qué es este lugar? -le pregunté a David-. ¿Por qué está aquí, en medio de la nada?

-Esta es la razón por la que hemos venido -dijo riendo- por esto, lo que tú llamas
«nada», es por lo que estamos aquí. Hoy sólo estamos tú y yo, la tierra, el cielo y nuestro Creador. Eso es todo. Aquí no hay nada más. Hoy nos pondremos en contacto con las fuerzas invisibles de este mundo; hablaremos con la Madre Tierra, con el Padre Cielo y con los mensajeros que están entre medio.

»Hoy rezaremos lluvia -dijo David.

Siempre me sorprende la rapidez con la que los viejos recuerdos pueden inundar el
presente. Al igual que me sorprende lo pronto que se desvanecen. Al momento, mi mente
buscó las imágenes de lo que esperaba que iba a suceder a continuación. Recordé las
escenas de oración que me eran familiares. Recordaba haber ido a los pueblos vecinos y ver a los nativos ataviados con prendas de su tierra. Recuerdo haberlos estudiado
mientras se movían rítmicamente al son de los mazos de madera con los que percutían
los tambores de cuero de alce tensado sobre marcos de pino. Sin embargo, ningún
recuerdo de mi mente podía prepararme para lo que iba a presenciar.

-El círculo de piedra es una rueda de medicina -me explicó David-. Que nosotros
recordemos, siempre ha estado aquí. La rueda no tiene poder en sí misma. Sirve como
objeto de concentración para invocar la oración. Puedes verlo como un mapa de
carreteras.

Yo debía de haber puesto cara de perplejidad. Por lo que David se adelantó a mi
pregunta y la respondió antes de que hubiera acabado de formularla en mi mente.

-Un mapa entre los seres humanos y las fuerzas de este mundo -dijo respondiendo a
la pregunta que todavía no había formulado-. El mapa fue creado aquí, porque en este
lugar las pieles de ambos mundos son muy finas. Cuando yo era un niño me enseñaron el
lenguaje de este mapa. Hoy recorreré un antiguo camino que conduce a otros mundos.
Desde esos mundos, hablaré con las fuerzas de esta tierra, para hacer lo que hemos
venido a hacer. Invitar a la lluvia.

Observé cómo David se sacaba los zapatos. Hasta la forma en que se desataba los
lazos de sus viejas botas de trabajo era una oración, metódica, intencionada y sagrada. Con sus pies descalzos sobre la tierra, se dio la vuelta y se apartó de mí en dirección al círculo. Sin emitir sonido alguno recorría su camino alrededor de la rueda, con sumo cuidado para respetar la colocación de cada una de las piedras. Con veneración hacia sus antepasados, colocó sus desnudos pies sobre la tierra agrietada. En cada paso, los dedos de sus pies se acercaban a menos de un centímetro de las piedras exteriores. Ni una sola vez las tocó. Cada piedra se quedó justo en el mismo sitio donde otras manos, de una generación hace mucho tiempo desaparecida, las habían colocado. Mientras circundaba el contorno más lejano del círculo, David se giró, permitiéndome ver su rostro. Para mi sorpresa, sus ojos estaban cerrados. Habían estado así todo el tiempo. ¡Estaba venerando una a una la posición de cada piedra blanca y redonda sintiéndolas mediante la posición de sus pies! David regresó al lugar más cercano a mí y colocó sus manos en posición de oración delante de su cara. Su respiración era casi imperceptible. Parecía no enterarse del calor del sol del mediodía. Tras unos breves segundos en esta posición, respiró profundamente, relajó la postura y se giró hacia mí.

-Vámonos, aquí ya hemos terminado -dijo mirándome directamente.

-¿Ya? -pregunté un poco sorprendido. Parecía como si acabáramos de llegar-. Pensé que íbamos a rezar para invocar a la lluvia.

David se sentó en el suelo para ponerse de nuevo los zapatos. Me miró y sonrió.

-No, yo te dije que «rezaría lluvia» -respondió-. Si hubiera rezado para invocar a la
lluvia, nunca podría suceder. 


Por la tarde cambió el tiempo. La lluvia empezó de repente, con unos pocos sonidos
sordos sobre la tierra que estaba en dirección a las montañas del este. En cuestión de minutos las gotas se fueron haciendo más grandes y más frecuentes, hasta que se declaró una tormenta con todas las de la ley. Enormes nubes negras cubrían el valle,
oscureciendo las montañas de Colorado por el norte durante el resto de la tarde. El agua se acumulaba con tanta rapidez que la tierra no la podía absorber, y al cabo de poco tiempo empezaron los temores a las inundaciones. Miré los 18 kilómetros de salvia que había entre donde me encontraba yo y la cadena montañosa al este. El valle parecía un inmenso lago. A última hora de la tarde, miré la previsión meteorológica de las estaciones locales.

Aunque no estaba sorprendido, recuerdo haber sentido admiración mientras los mapas
del tiempo coloreados parpadeaban en la pantalla. Las flechas animadas indicaban el
típico patrón de aire frío y húmedo que descendía formando un ángulo desde la región
Noroeste del Pacífico, atravesaba Utah y entraba en Colorado, como solía hacer en los
meses de verano. Luego, inexplicablemente, la corriente cambió su curso e hizo algo
excepcional. Observaba, sorprendido, cómo la masa de aire se adentraba con precisión
en el sur de Colorado y norte de Nuevo México antes de formar un cerrado bucle para
cambiar de dirección y regresar al norte, reanudando su camino a través de la región
Central. Con ese descenso se convertía en un frente de baja presión y aire frío que se mezclaría con el aire caliente y húmedo que ascendía del Golfo de México, la receta perfecta para la lluvia. Por las previsiones del tiempo, parecía que iba a llover y bastante.

Llamé a David a la mañana siguiente.

-¡Qué desastre! -exclamé-. Las carreteras han desaparecido. Las casas y los campos están inundados. ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo explicas toda esta lluvia?.

La voz al otro lado de la línea permaneció en silencio durante unos segundos.
-Ese es el problema -dijo David-. ¡Esta es la parte de la oración que todavía no he
comprendido!.

A la mañana siguiente, la tierra ya estaba lo bastante húmeda para aceptar más
agua. Me monté en el coche y atravesé varios Pueblos en dirección a la ciudad más
cercana. La gente estaba extasiada contemplando la lluvia. Los niños jugaban en el barro. Los granjeros estaban en las ferreterías y tiendas de ultramarinos, ocupándose de sus negocios de ganadería y agricultura. Las cosechas habían sufrido un daño mínimo. El ganado tenía agua en sus estanques y parecía como si el norte de Nuevo México hubiera superado la tristeza de la sequía, al menos en lo que quedaba de verano.

GRATITUD: RESPIRAR LA VIDA EN NUESTRAS ORACIONES 
La historia de David ilustra perfectamente el funcionamiento interno de un modo de
oración olvidado por nuestra cultura hace casi dos mil años. Tras su breve ceremonia
dentro del círculo de la medicina, David me había mirado y dicho simplemente: «Vámonos, aquí ya hemos terminado nuestro trabajo». El resto del tiempo que estuve con David ese día, ahora tiene mucho más sentido e importancia. Ya sé lo que significaba la respuesta de David «he venido a rezar lluvia». El resto de
la historia quizá sea mejor contarla con sus propias palabras.

-Cuando era joven -dijo-, nuestros mayores me transmitieron el secreto de la oración.

El secreto es que cuando pedimos algo, estamos reconociendo que no lo tenemos. Seguir pidiendo sólo aumenta el poder de lo que nunca sucederá. « El camino entre el ser humano y las fuerzas de este mundo empiezan en nuestro corazón. Es alli donde nuestro mundo de los sentimientos se une con el de nuestro pensamientos». En mi oración, empecé con un sentimiento de gratitud por todo lo que existe y por todo lo que ha sucedido. Di gracias al viento del desierto, al calor y a la sequía, pues hasta ahora así es como ha sido. No es bueno. No es malo. Ha sido nuestra medicina. »Luego he escogido otra medicina. Empecé a sentir lluvia. Sentí la lluvia cayendo
sobre mi cuerpo. De pie en el círculo de piedra, imaginé que estaba en la plaza de
nuestro pueblo, descalzo bajo la lluvia. Sentí la sensación de la tierra húmeda que
rezumaba entre los dedos de mis pies. Olí el olor de la lluvia en las paredes de paja y barro de las casas de nuestro pueblo después de las tormentas. Sentí la sensación de caminar por los campos de maíz que crecía hasta la altura de mi pecho debido a la
generosidad de las lluvias. Los ancianos nos recuerdan que así es como elegimos nuestro camino en este mundo. Primero hemos de tener el sentimiento de lo que deseamos experimentar. Así es como plantamos las semillas para un nuevo camino. De ahí en adelante -prosiguió David- nuestra oración se convierte en una acción de gracias.

-¿Gracias? ¿Quieres decir gracias por lo que hemos creado?.

-No, no por lo que hemos creado -respondió David – la creación ya esta completa.
Nuestra oración se convierte en una oración de gracias por la oportunidad se elegir que creación vamos a experimentar. Mediante nuestro agradecimiento, veneramos todas las posibilidades y atraemos a nuestro mundo aquellas que deseamos. 
De este modo, con las palabras de su pueblo, David había compartido conmigo el
secreto de entrar en comunión con las fuerzas de nuestro mundo y nuestros cuerpos.
Aunque había escuchado y comprendido lo que me había dicho, sus palabras todavía
son más significativas para mí hoy en día.

NUESTRO MÉTODO DE ORACIÓN OLVIDADO 
Después de haber estado con David, volví a buscar en los textos, algunos antiguos,
otros contemporáneos. Descubrí que muchos grupos, organizaciones y sistemas
filosóficos hablaban de nuestro olvidado método de oración. Muchos continúan
practicándolo, con técnicas que nos dicen «piensa como si tus oraciones ya se hubieran hecho realidad» o «como si tus oraciones vinieran del lugar donde se cumple la oración». No obstante, por más que he investigado estas tecnologías, casi siempre el elemento del sentimiento brillaba por su ausencia. 

A mediados del siglo xx, un hombre conocido simplemente como Neville puso en la
vanguardia del pensamiento contemporáneo el método olvidado de oración con su trabajo
pionero sobre las leyes de causa y efecto. Nacido en Barbados, Antillas, Neville describió elocuentemente su filosofía de hacer realidad nuestros sueños mediante el sentimiento e invitamos a «hacer de [nuestro] futuro sueño un hecho en el presente, adoptando el sentimiento de [nuestro] deseo realizado».

Además, Neville sugiere que es el amor por nuestro nuevo estado el que infunde poder para que su existencia se haga realidad. «A menos que tú mismo entres en la imagen y pienses desde ella, esta no puede nacer. »' 
Examinar una oración específica, como una oración por la paz, puede aportar un grado de concreción a estos conceptos a veces un tanto confusos.

Los condicionamientos reinantes en nuestras tradiciones occidentales han hecho
que «pidiéramos» que la paz se produzca bajo determinadas circunstancias. Al pedir que haya paz, por ejemplo, estamos reconociendo inconscientemente el hecho de que no la hay, quizá hasta reforcemos lo que puede ser visto como un estado de violencia. Desde la perspectiva de nuestro quinto modo de oración, se nos invita a crear paz en nuestro mundo mediante el pensamiento, el sentimiento y la emoción en nuestro cuerpo. Una vez que hemos creado en nuestra mente la imagen de nuestro deseo y hemos sentido que este se ha realizado en nuestro corazón, ¡Ya ha sucedido!. Aunque el propósito de nuestra oración puede que todavía no se haya materializado ante nuestros sentidos, suponemos que así es. El secreto del quinto modo de oración reside en reconocer que cuando sentimos, el efecto de nuestros sentimientos ya ha tenido lugar en alguna parte, en algún plano de nuestra existencia.

Nuestra oración se origina entonces desde una perspectiva muy distinta. En lugar de
pedir que se produzca el resultado de nuestra oración, reconocemos nuestro papel como
una parte activa de la creación y damos gracias por lo que estamos seguros de haber
creado. Tanto si vemos los resultados inmediatamente como si no, reconocemos que en
algún lugar de la creación nuestra oración ya ha sido escuchada. Ahora nuestra oración se convierte en una oración afirmativa de acción de gracias, que alimenta nuestra creación y permite que se desarrolle en su máximo potencial. A continuación expongo un resumen de nuestra oración por la paz, desde la perspectiva tradicional y desde la de nuestro método olvidado de oración.

Oración de petición 
1. Nos centramos en las condiciones donde creemos que no existe la paz.
2. Pedimos la intervención de un gran poder para que cambie dichas condiciones.
3. Al hacer la petición, puede que estemos reconociendo que la paz y que el cambio
positivo todavía no existen en esos lugares.
4. Continuamos pidiendo esta intervención hasta que vemos que se produce el
cambio en nuestro mundo.

El quinto modo de oración 
1. Tomamos nota de todos los acontecimientos, los que vemos cuando no hay paz, sin juzgarlos como buenos, malos, justos o injustos.
2. Mediante la tecnología del pensamiento, el sentimiento y la emoción creamos las condiciones desde nuestro interior que elegimos para tomar nota de nuestro mundo exterior. Por ejemplo: «Un cambio positivo en la Tierra, sanación para todo tipo de vida y paz en todos los mundos». Nuestro sentimiento de que ya es así da fuerza a nuestra oración y materializa ese fruto. Al hacerlo, hemos renovado el recuerdo de una posibilidad mejor.

Reconocemos el poder de nuestra «tecnología interna» y damos por hecho que nuestra petición ya se ha cumplido; la paz y el cambio positivo ya están aquí.

Nuestra oración consiste ahora en: 
a) reconocer lo que hemos elegido,
b) sentir que ya se ha cumplido,
c) dar gracias por tener la oportunidad de elegir, y al hacerlo
infundimos vida en nuestra elección.

Las últimas traducciones de los textos arameos originales ofrecen nuevas visiones de
por qué las referencias a la oración han sido tan ambiguas en el pasado. Los manuscritos del siglo xii revelan el grado de las libertades que se tomaron para condensar la estructura de las frases y simplificar su significado. Quizás una de las referencias más evidentes, y al mismo tiempo sutiles, sea una oración que se ha enseñado durante varias generaciones a los estudiantes de teología y a los alumnos del catecismo dominical. Este fragmento de nuestro método de oración olvidado nos invita a «pedir» el beneficio de nuestra oración, como en nuestra conocida admonición «pedid y recibiréis». La comparación del texto arameo ampliado con la versión bíblica moderna de la oración nos ofrece poderosas revelaciones sobre las posibilidades de esta tecnología perdida.

La versión moderna condensada: 
En verdad, en verdad os digo, que todo cuanto pidiereis a mi Padre en mi
nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y
recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Jn, 16,2324).

La versión original, vuelta a traducir del arameo:

Todo aquello que pidas directa y abiertamente... en mi nombre, te será concedido.
Hasta ahora no lo has hecho. Pide sin un motivo oculto y serás rodeado por la
respuesta. Déjate envolver por lo que deseas, que tu júbilo sea completo...'


A través de las palabras de otros tiempos, se nos invita a acoger nuestro olvidado
método de oración como una conciencia que nosotros encarnamos, en lugar de una forma
prescrita de acción que realizamos para tal efecto. Al invitarnos a estar «rodeados» por nuestra respuesta y «envueltos» por lo que deseamos, este antiguo pasaje hace hincapié en el poder de nuestros sentimientos. En nuestro lenguaje actual, esta elocuente frase nos recuerda que para crear nuestro mundo, en primer lugar hemos de tener los sentimientos de que nuestra creación ya se ha realizado. Nuestras oraciones se convierten entonces en una acción de gracias por lo que hemos creado, en lugar de ser peticiones de lo que queremos que suceda.

UNA NUEVA FE

No puedo decir a ciencia cierta que la oración de David tuviera algo que ver con las
tormentas que se produjeron durante el tiempo que estuvimos juntos. Lo que sí puedo
decir es que el tiempo en el norte de Nuevo México cambió ese día. Tras semanas de
sequía, de cosechas perdidas y ganado deshidratado, en un día cambió el tiempo y
llegaron lluvias torrenciales que dieron lugar a lluvias diarias que duraron hasta las heladas de otoño. Además, puedo decir que hubo una sincronicidad entre el inesperado cambio de tiempo y la experiencia que compartí con David. El tiempo que transcurrió entre los acontecimientos fue cuestión de horas. ¿Cómo podemos probar un hecho de tal magnitud e importancia?.

Los habitantes de los pueblos de amerindios en la desierta región suroeste no
necesitan pruebas; sin duda alguna, ellos saben que dentro de cada uno de nosotros se
encuentra el poder para comunicarnos directamente con las fuerzas creadoras de este
mundo y fuera de él.
 Lo hacen sin expectativas, sin juzgar el resultado de su comunión.
Por ejemplo, si no hubieran venido las lluvias, David habría visto la ausencia de las
mismas como una parte de su oración, en lugar de como una señal de fracaso. Su oración no ponía condiciones. No puso una fecha al resultado de su comunión con las fuerzas de la naturaleza. David había compartido un momento divino con los poderes de la creación, había plantado la semilla sagrada de una posibilidad a través de su oración y había dado gracias por tener la oportunidad de elegir otro resultado. Su inquebrantable fe en que su oración había logrado algo es la clave para regresar a nuestra oración perdida.

En nuestro mundo moderno, con frecuencia esperamos una gratificación y una respuesta rápida. El tiempo de procesamiento de nuestros ordenadores, por ejemplo, supera en más de cincuenta veces la rapidez de los primeros microordenadores de principios de los ochenta. Entonces, pensábamos que eran rápidos. Esperar durante más de una fracción de segundo tras teclear nuestro comando en el teclado a veces nos provoca ansiedad por obtener una respuesta que hace sólo unos años suponía el último
avance de la tecnología. Los hornos microondas han reducido a la mitad el tiempo que se necesitaba para hervir el agua con la cocina de gas o eléctrica convencional.

Ahora, esperamos con impaciencia a que el reloj digital marque los segundos que quedan para que hierva el agua. Ha habido una tendencia a ver los resultados de la oración del mismo modo. Si los resultados no son inmediatos, sentimos que no ha funcionado. Los antepasados eran más sabios.

Cuando David oraba lluvia, sabía a ciencia cierta que con su oración había invitado
una nueva posibilidad. También sabía que su oración no era más que una posibilidad.
Quizás el efecto no seria inmediato para nuestros ojos. Mientras él y yo estábamos de pie en el campo de salvia, en lo alto de los desiertos del norte de Nuevo México, el hecho de que no viéramos inmediatamente la lluvia no le afectó a David demasiado. Estaba seguro de su capacidad para elegir otro resultado y su confianza era algo natural para él.
La certeza de David de haber plantado la semilla de la posibilidad en alguna parte de
las profundidades de la creación, nos conduce a replanteamos una palabra que puede
que en los últimos tiempos haya perdido su significado. Esa palabra es fe. Aunque en The American Heritage College Dictionary la fe se define como «creencia que no se basa en pruebas lógicas o evidencias materiales», los antepasados y los pueblos indígenas de nuestros días aceptan una definición de la palabra mucho más amplia.Su comprensión es tan válida hoy en día como lo fue en generaciones pasadas, cuando la fe era la clave para
comunicarse con las fuerzas invisibles de nuestro mundo. Gracias a su maravillosamente integrada visión de nuestro papel en la creación, la fe se convierte en la aceptación de nuestro poder como fuerza directriz en la creación. 

Esta visión unificada es la que nos permite avanzar en la vida con la confianza de que a través de nuestras oraciones hemos plantado las semillas de nuevas posibilidades. Nuestra fe nos permite reasegurarnos de que nuestras oraciones han sido escuchadas. Con esta conciencia, nuestros rezos se transforman en expresiones de gratitud que infunden vida a nuestras elecciones a medida que estas se manifiestan en el mundo. 

"Siete son los senderos que cruzan el Huerto Infinito, y cada uno deberá transitarse
con el cuerpo, el corazón y la mente cual uno…" 

EVANGELIO ESENIO DE LA PAZ.

Libro EL EFECTO ISAÍAS – Gregg Braden. 
Fuente:http://larutadelailuminacion.blogspot.com.es/2011/08/el-lenguaje-de-dios-gregg-braden.html